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MELGAÇO, DO MONTE À RIBEIRA

História e narrativas duma terra raiana

MELGAÇO, DO MONTE À RIBEIRA

História e narrativas duma terra raiana

UM OLHAR ARRAIANO SOBRE CASTRO LABOREIRO

melgaçodomonteàribeira, 13.12.14

 

DIARIO DE LEÓN, 23/08/2010

 

 

Con viento fresco

José A. Balboa de Paz

 

Castro Laboreiro, que antaño fue concejo y hoy pertenece al de Melgaço, es uns cuña portuguesa que se adentra en tierras de Galicia. Aquí la frontera con España no la delimita el Miño sino una serie de sierras ásperas, de formas redondeadas, constituidas por bloques graníticos pelados en sus cumbres, en los que se han marcado con cruzes y números una serie de hitos o mojones, al menos desde el siglo XVI: la raya seca. Estos paisajes inhóspitos y aislados son, como dicen los castrexos,  «o fim do mundo»; en ellos nunca hubo pasos fronteirizos sino silentes caminos atravesados por contrabandistas, traficantes, bandoleros y, en época de persecución política, huidos, prófugos, exiliados. Aunque aisladas, estas tierras han sido paso de viejas culturas megalíticas, que han dejado su impronta en mámoas, sepulcros de corredor y ancestrales creencias religiosas luego cristianizadas, como la peña de Anáman, cuya ermita a la Señora de ese nombre es un lugar recoleto en medio de una naturaleza telúrica.

 

El río Laboreiro y sus afluentes han tajado en profundas gargantas estas sierras, que se abren a dos paisajes geomorfológicos y humanos diferentes y complementarios: las brandas y invernías. Las brandas o brañas son las zonas altas, duras y frías en invierno, pues con frecuencia están cubiertas de nieve, pero en el verano son tierras soleadas y de pastos abundantes. Las invernías son las tierras bajas, en lo hondón de los valles y en las solanas, protegidas del frío. Esta singularidad geográfica ha dado lugar a un nomadismo de valle a montaña que, en el Bierzo, nos es conocido también en la Somoza. Allí los habitantes de Aira da Pedra, a orillas del Burbia, pasavan los meses de invierno en el valle, mientras que en Campo del Agua, en lo alto, vivían desde Pascua hasta el otoño, con sus ganados y campos de cultivo. En Castro Laboreiro no era uno, como en la Somoza, sino todos los peublos los que praticaban este nomadismo, que se ha mantenido sin grandes cambios hasta hace unos veinte años.

 

La raya seca, la vieja frontera, ha desaparecido legalmente, incluso se han trazado nuevas carreteras que acercan Celanova y Bande a Castro Laboreiro, pero quedan muchos viejos malentendidos y distanciamientos mentales, que algunos españoles y portugueses buscan eliminar. Arraianos, una asociación nacida en la parte gallega, lleva años convocando a gallegos y portugueses a jornadas de convivencia, en las que se nombran como Arraiano Mayor, a los que se destacan por esta labor de unir ambos pueblos y divulgar la cultura de frontera. El año pasado le correspondió tal honor a Mendéz Ferrín, el prestigioso escritor gallego, natural de Celanova, una de cuyas obras lleva justamente el título de Arraianos. Este año, Ferrín al que acompañamos algunos amigos, pasó el testigo al padre Fontes, un cura de Montealegre portugués un tanto heterodoxo, que además de escribir mucho y bien sobre la cultura popular, es capaz de concitar que miles de personas asistan a la Festa das Bruxas, que con carácter anual organiza en su parroquia.

 

La asociación gallega publica una buena revista, Arraianos, cuyo último número fue presentado la semana pasada en Castro Laboreiro, en el trascurso de unas jornadas dedicadas a la historia local. Américo Rodrigues es el alma de estas jornadas que se vienen organizando desde hace años, con un cresciente interés. Invitado por él, asistí con unos amigos. Nos llamó la atención cómo un pequeño grupo de personas, animadas por Américo, han sido capaces de dinamizar una zona rica en recursos turísticos, pero dejada de las manos de las autoridades. Los congresos de historia han servido en este caso para reivindicar no sólo unas señas de identidad, las de la raya seca, sino unos recursos naturales, el paisaje, los restos arqueológicos, los puentes de piedra, el museo local. Hay varios hoteles y casas de turismo rural. Por las mañanas se ven a grupos de excursionistas que se dirigen a la montaña o al valle para practicar al senderismo. Es un buen ejemplo para algunas zonas de nuestra provincia.

 

Retirado de:

Caderno Arraiano

 

http://cadernoarraiano.blogspot.com

 

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